Salmo del buen samaritano
Señor, no quiero pasar de lejos
ante el hombre herido en el camino de la vida.
Quiero acercarme
y contagiarme de compasión
para expresar tu ternura,
para ofrecer el aceite que cura heridas,
el vino que recrea y enamora.
Tú, Jesús, buen samaritano,
acércate a mí,
como hiciste siempre.
Ven a mí para introducirme en la posada de tu Corazón.
Acércate a mí,
herido por las flechas de la vida,
por el dolor de tantos hermanos,
por los misiles de la guerra,
por la violencia de los poderosos.
Sí, acércate a mí,
buen samaritano;
llévame en tus hombros pues soy oveja perdida;
carga con todas mis caídas,
ayúdame en todas mis tribulaciones,
hazte presente en todas mis horas bajas.
Ven, buen samaritano,
y hazme a mí tener tus mismos sentimientos,
para no dar nunca ningún rodeo
ante el hermano que sufre,
sino hacerme compañero de sus caminos,
amigos de sus soledades,
cercano a sus dolencias,
para ser, como tú, “ilimitadamente bueno”
y pasar por el mundo “haciendo el bien”.
y curando “dolencias”.
PADRE NUESTRO …
Marzo 2010, Grupo de Cáritas.